Actualmente en la web hay un concurso titulado “Perú de Primera”, en la que los interesados colocan su visión sobre el Perú en el 2021 (Ver: http://perudeprimera.com/web/).
La iniciativa es excelente.  Como he señalado en artículos anteriores, el primer paso para conseguir algo es la visión, y esto también es válido para los países.  Un país sin visión, sin sueños no puede desarrollar una estrategia adecuada ni trazarse una ruta clara, pues no tiene idea a donde quiere llegar.
Como practico lo que predico, hace ya siete meses redacté mi visión para este concurso.  Lo hice más como un ejercicio personal y ahora lo retomo para hacer algunas reflexiones.  A continuación presento en 100 palabras, mi visión sobre el Perú que me gustaría vivir en el 2021.
Perú, paradigma de desarrollo

Visualizo un Perú integrado al exterior y al interior.  Al exterior como país que sin renunciar a sus ventajas comparativas (minería, agricultura, pesca), avanza por las ventajas competitivas (industria) y adicionalmente genera riqueza en base a la ciencia y el conocimiento.  También está integrado al interior, habiendo cerrado las brechas entre Lima,  Costa, Sierra y Selva.

Estos logros son resultado del impulso y cambio de su sistema educativo, que forma cuadros científicos, profesionales y técnicos, que hacen viable esta estrategia de “tres vías”, nuevo paradigma convertido en ejemplo para los países que quieren salir del atraso y la pobreza.  

Deseo ahora fundamentarla, lo cual es pertinente dado que nuestro país ingresa en una etapa electoral y debe promoverse el debate de ideas.

¿Por qué integrado al exterior y al interior?  La respuesta es simple.  Desde hace algunos años se viene poniendo énfasis en la globalización.  Es el signo de los tiempos. Desde una perspectiva natural el mundo siempre ha estado globalizado.  Un ejemplo es suficiente:  nuestra agricultura sufre cada año en mayor o menor medida los efectos del fenómeno del Niño, el cual se forma en la costas de Australia y llega a nuestras costas a partir de Diciembre. 

La globalización económica no es mala o buena por sí misma.  Depende la forma como nos insertamos en el mundo y ésas son decisiones que toman los gobiernos.  Sin embargo, la pregunta pertinenete es ¿Que parte del Perú es la que se globaliza?.  Porque  como sabemos, nuestro país no es un país uniforme.  El Perú no es Lima.  Lima no es Miraflores, San Isidro y Surco sólo por citar tres distritos.  

El éxito de la “Teta Asustada” se debe en gran medida a que nos hace recordar que el Perú es un país pobre con bolsones de riqueza.  Y el reto no es que esos bolsones de riqueza se globalicen, sino que el Perú primero se uniformice para luego integrarse al exterior.  Integrarnos al exterior sin integrarnos internamente, lo único que conseguirá es ampliar las brechas en nuestro país y desintegrarnos como Nación, creando condiciones para el resurgimiento de movimientos como Sendero Luminoso que se autoproclamen representantes de esos sectores marginados de la globalización y el desarrollo.   

Por ello es necesario que además de aprovechar nuestras ventajas comparativas, reforcemos las competitivas.  Lamentablemente, bajo influencia de conceptos económicos obsoletos,  se viene imponiendo un conformismo por los aceptables resultados macroeconómicos alcanzados por el país, que desde el punto de vista productivo se sustentan en un modelo básicamente primario exportador, el cual a su vez adquiere legitimidad bajo la teoría de ventajas comparativas de David Ricardo.  

Esta teoría considerada una de las mas bellas de la economía, ahora en pleno siglo XXI es insuficiente y por consiguiente obsoleta.   Los economistas que siguen rindiendo culto a esta teoría como la piedra de toque para las decisiones gubernamentales y  los que han sido influidos por ellos, sobrevaloran el papel de la inversión extranjera en la explotación de nuestros recursos naturales. 

Aclaro: no planteo cerrar el camino a la inversión extranjera, pero sí negociar adecuadamente.  Percibo que con la inversión extranjera hay una concepción parecida a la que sirvió de sustento al absolutismo europeo:  “dado que el hombre es el lobo del hombre, tenemos que entregarle al rey nuestra soberanía, por que de lo contrario él nos abandonará, dejándonos en nuestra situación de la naturaleza”.  “Como la inversión extranjera nos hace un favor, eligiendo a nuestro país entre tantos países que tienen materias primas, hay que ponerle alfombras rojas, porque de lo contrario ella se irá y no permitirá la creación de empleo”.

Por ello, es necesario crear condiciones para desarrollar ventajas competitivas, es decir el desarrollo del sector secundario: fundamentalmente la industria pero no la eslabonada a insumos extranjeros, sino a las nacionales, para que sea una locomotora que también beneficie a los demás sectores. El liberalismo a ultranza desconoce que “los milagros económicos” no son precisamente resultado de políticas liberales, sino de “estrategias de desarrollo” que sólo caminan a la plena liberalización una vez que han alcanzado sus objetivos de desarrollo.  Para poner un ejemplo, incluso países como Japón que hace ya varias décadas hizo su milagro, aún mantienen políticas proteccionistas en la agricultura.

Ahora bien, lo que debe quedar claro es que el impulso a las ventajas comparativas y competitivas mejorarán nuestras estadísticas nacionales e incluso nuestro bienestar pero no nos conducirán al desarrollo o al primer mundo como quiera llamarse.

Me sorprendo con la poca claridad que se tiene en este tema principalmente por parte de algunos economistas que forman opinión y casi la totalidad de líderes políticos.  Hace tres décadas, lo descrito hubiera sido suficiente, pero el desarrollo es un concepto relativo.  Somos subdesarrollados porque hay otros países actualmente desarrollados.  Y hoy por hoy el desarrollo ya no lo define el sector primario (ventajas comparativas), ni el  secundario (ventajas competitivas) sino el terciario.  En otras palabras ahora y más aún en el 2021,  la riqueza será creada fundamentalmente por la ciencia y el conocimiento.   

Por ello si queremos salir del subdesarrollo y formar parte de los países del primer mundo, tenemos la obligación de cerrar brechas no de cara al pasado sino mirando el futuro.  Por ello repito es fundamental la inversión en ciencia y tecnología y capital humano.

Materia prima en capital humano lo tenemos.  Un simple ejemplo:  el laboratorio más grande de física de partículas de los Estados Unidos, el FERMILAB lo dirige … un peruano.  Así es … aunque Ud. amable lector no lo crea.  Este laboratorio que sólo es superado por el LHC del CERN (Europa) y que tiene un presupuesto anual mínimo de 800 millones de dólares es dirigido por Piermaria Oddone, un ingeniero peruano egresado de la UNI y graduado en el MIT.  

Otro ejemplo: Barton Zwiebach es un ingeniero peruano docente en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y uno de los científicos más reconocidos en la Teoría de Cuerdas, autor de “Introducción a la Teoría de Cuerdas” 

¿Que se debe hacer para que casos como el de Piermaria Oddone y Barton Wiebach no sean casos aislados sino generalizados.  La respuesta es simple:    impulsar y cambiar el sistema educativo, a fin de formar cuadros científicos, profesionales y técnicos que permitan llevar adelante la estrategia de las “tres vías”.

Cuando digo cambiar el sistema educativo no me refiero a las formas sino al contenido y a los valores y actitudes que debemos sembrar en la juventud. No se trata sólo de más colegios y más computadoras.  Tampoco se trata sólo de mejores profesores si éstos van a ser portadores de los valores y actitudes tradicionales.  Repito se trata de contenidos y actitudes.  Podemos tener los mejores profesores enseñando en flamantes carpetas y locales recién construidos, pero con contenido que corresponden al pasado y forjando actitudes conservadoras y de temor al fracaso. Profesores castigando con “notas en contra” para que “sólo respondan si están seguros”.  Es decir forjando actitudes contrarias al emprendimiento, a lo desconocido, y sembrando el “miedo al fracaso” el camino más rápido para el conformismo y la mediocridad.

¿Y en que consiste la estrategia de tres vias?  Es fácil, recurriendo al lenguaje de Alvin Toffler nos referimos a las tres olas: la agricultura, la industria y el conocimiento. 

El Perú es un país bendecido por la naturaleza.  En esto coinciden propios y extraños.  No se trata cual fisiócratas modernos de priviligiar sólo los sectores primarios.  Argentina está ahí para recordarnos, que un país que estuvo entre los mas ricos cuando la agricultura era la principal fuente de riqueza, puede pasar a ser pobre cuando ésta pasa a un segundo plano.  Aprovechemos nuestras ventajas comparativas, ignorarlos sería insensato y para ello requerimos profesionales y emprendedores.

Pero también desarrollemos el sector secundario que es uno de los que más empleo genera.  Es decir fomentemos la industria y la construcción.

Pero si realmente queremos ser desarrollados y pasar al primer mundo, debemos entrar en pie firme al campo de la ciencia y tecnología.  Es evidente que inversiones en este sector no brindan el aplauso fácil e inmediato, y tal vez por ello sea ignorado por los políticos tradicionales.  Oddone lo tiene bien claro cuando dice: “lamentablemente la clase dirigente no tiene visión, convirtiéndose de esta manera en un lastre.  Si es que no invertimos en ciencia y tecnología, nunca seremos desarrollados”.

Finalmente ¿hay algún país en el mundo que esté aplicando una política similar?.  Se reconoce que China está aplicando la estrategia de las “dos vías”,  es decir énfasis en industrialización así como en ciencia y tecnología.  Hay que mencionar que en el 2009 ha crecido por encima del 8% mientras que los países desarrollados han decrecido en 4% en promedio.  

Los líderes chinos tienen un plan de largo plazo y están desarrollando una “estrategia de desarrollo”, mientras que en nuestro país nuestros políticos sólo se esmeran en “estrategias para llegar al poder” y luego ver como pasan el periodo con victorias de corto plazo.  Felizmente y eso hay que reconocer por los menos mantienen políticas monetarias y fiscales aceptables, lo cual nos han permitido pasar sin muchos daños un año terrible para el mundo.  Pero si alguien piensa que sólo con estos mecanismos nos encaminamos al “desarrollo y al primer mundo” en el mejor de los casos se está autoengañando y engañando a los demás.

“Si queremos llegar al techo, debemos apuntar al cielo”.  Pero algunos “rozan el techo y creen que han llegado al cielo”.

Como venimos predicando en este blog refiriéndonos a las finanzas personales,  es esencial tener una visión.  Pero también es fundamental tomar acción. 

Esto es también válido para el país.


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